*Expedición al Mundo Perdido. Auyantepuy – Salto Ángel

Salto Angel

Salto Angel

En el Parque Nacional de Canaima, en mitad de la Gran Sabana Venezolana, uno de los más espectaculares Tepuyes que allí se elevan imponentes desafiando a los cielos, nos regala uno de los milagros de la naturaleza. En Auyantepuy se haya la más alta caída de agua del planeta. Con mas de 979 metros de altura, se alza espectacularmente sobre nuestras cabezas todo un prodigio de la naturaleza. Su nombre no es El Salto del Ángel, como algunos la llaman, sino Salto Angel  ya que fue así bautizado en honor a Jimmy Angel, un aviador estadounidense que, en 1937 descubrió desde su avioneta esta singular cascada.

Alcanzar el Salto Angel no es fácil.

Desde Caracas (Venezuela) me desplacé a Ciudad Bolivar, una pequeña población que limita con una de las selvas más espesas e inexploradas del planeta. Desde esta localidad despegaba una pequeña avioneta tipo CESSNA conducida por un piloto de lo mas pintoresco. Cualquiera diría que se trataba de un taxista al que le habían cambiado el taxi por este aeroplano. Desde un pequeño aeropuerto despegamos con dirección al campamento base situado en la región de Canaima.

Lo recuerdo como si fuera hoy mismo.

Que insignificante puedes llegar a sentirte subido a esa pequeña avioneta que, zarandeada por el viento como si de una hoja otoñal se tratara, sobrevuela la inmensidad de la Gran Sabana. Una enorme extensión de tierra, tapizada por un tupido y espeso manto de vegetación, se exhibe inmensa e infinita ante mis ojos.

Vídeo Trayecto en Avioneta. Salida de Ciudad Bolivar con destino a Canaima.


Ríos y lagunas arañan este manto verde, culebreando y dibujando espectaculares fractales en su superficie. A orillas de un serpenteante riachuelo puedo ver un poblado indígena que se ha instalado en un claro de la selva. Cuando ya ha pasado más de una hora de trayecto, oteando el horizonte descubrimos unas enormes cascadas que nos dan la bienvenida a Canaima. Nuestra avioneta se dispone a tomar tierra en una diminuta y, casi improvisada, pista de aterrizaje de tierra rojiza. El piloto abre las ventanillas de la avioneta para que, el aire que entra en la cabina, ayude a frenar el aparato. Llegamos a tierra firme. Llegamos al corazón de la Gran Sabana. Llegamos a,… Canaima.

Desde aquí se organiza el grupo. El equipaje es transportado en una camioneta y nosotros nos dirigimos a nuestro campamento en un todo terreno.

Allí nos esperan unas pequeñas cabañas absolutamente funcionales  y con los servicios básicos. Un grupo de 6 viajeros de diferentes nacionalidades nos reunimos para recibir indicaciones sobre la planificación y organización de la expedición que emprendemos mañana. Ninguna expedición sale si no existe un grupo de un mínimo de 6 personas. Guía, barquero y porteadores se ponen al servicio del equipo en esta reunión. Pronto debemos acostarnos para descansar, mañana nos espera un día duro.

La emoción no me ha permitido descansar adecuadamente. Ha sido una noche larga pero hoy,… voy a contemplar el Salto Angel.

Nos hemos puesto en marcha muy temprano. Una alargada barca construida en madera y con un motor fueraborda nos espera a orillas del río. Mientras los porteadores colocan víveres y mochilas en el interior de la barca y las cubren con una lona, yo no dejo de admirar el fluir del agua en el cauce del río. Aguas cristalinas que dejan ver con claridad un fondo repleto de blancos cantos rodados. Aguas que, teñidas de un intenso color ámbar, se agitan con fuerza y bravura.

Tras proveernos de unos imprescindibles chalecos salvavidas, comenzamos nuestra aventura en el interior de la Gran Sabana. Lo que, en un principio, parecía una apacible travesía corriente arriba por el Río Churún, se convirtió en cuatro horas de trayecto, en una barca de madera propulsada con un motor fueraborda, sorteando obstáculos y cabalgando sobre las aguas de espectaculares y arriesgados rápidos. A mitad de camino y aprovechando una zona de aguas en calma, el barquero (nuestro cocinero) repartió entre los miembros de la expedición, un refresco y un bocadillo que se convertirían en la comida del día. Por el camino nos vimos forzados, en un par de ocasiones, a bajar de la embarcación, cruzar el río hasta llegar a la orilla y caminar por entre la vegetación para permitir que la barca cruzara una zona en la que la profundidad del río se hacía insuficiente. Mas tarde, en un violento tramo de rápidos, un mal golpe con el fondo del río nos obligó a detenernos para sustituir la hélice de nuestro sistema de propulsión ya que esta se había dañado gravemente.

Jamás antes me había visto inmerso en un experiencia tan intensa. He viajado mucho y he tenido la suerte de visitar muchos lugares pero nunca había formado parte de una auténtica expedición al corazón de la selva.

Los rápidos, los numerosos percances sufridos y el temor a un río habitado por pirañas no nos abstraen de la majestuosa belleza del entorno. Un río de agua roja cruza, como un rastro de sangre, partiendo en dos una densa y enmarañada jungla de un verde intenso. Una jungla que guarda en sus entrañas el origen de la vida. Multitud de especies vegetales y animales que durante milenios han poblado esa región y que, en los inicios, dominaron el planeta. Hemos alcanzado las puertas de la Selva Amazónica y por encima de ella, imponentes, se yerguen  los espectaculares tepuyes. Vigilantes y protectores, estos gigantescos promontorios, admiran orgullosos la inmensidad de sus dominios.

Contemplando este lugar no es de extrañar que el profesor George Edward Challenger emprendiera una expedición para encontrar, en este recóndito lugar, dinosaurios y otras especies prehistóricas aun no extinguidas. Sir Arthur Conan Doyle creó al profesor Challenger y se inspiró en esta región del planeta para escribir su obra “El mundo perdido” dando así alas a sus lectores y a guionistas y directores de cine de Hollywood.

Abandonamos nuestra embarcación y, ya con los pies en tierra firme, enmudecemos admirando frente a nosotros, el inmenso Auyantepuy que deja escapar y precipitarse al vacío el caudal de todo un río, dando lugar de este modo, al más elevado salto de agua del mundo; Salto Angel, conocido y bautizado por los indígenas Pemones como Churún Merú.

Video: Río Churún. Llegada al refugio.


Sin detenernos ni un minuto, comenzamos nuestra marcha internándonos en la oscura e intrigante espesura de la selva amazónica. Especies vegetales de descomunales dimensiones, nos reciben proporcionando a nuestra expedición un inquietante halo de misterio. Gigantescas hojas y millones de ramas tejen un espeso tapiz a cientos de metros sobre nuestras cabezas, construyendo una tupida bóveda e impidiendo que los rayos del sol penetren en el interior.  Los cinco sentidos se agudizan y en una fracción de segundo te pones en alerta y eres capaz de reaccionar ante cualquier pequeño estímulo externo. El olfato despierta de su letargo maravillándose con la percepción de esencias desconocidas. El oído se afina hasta extremos sorprendentes e inimaginables. Mi propia respiración se amplifica escandalosamente en aquel entorno. El bello se eriza para recibir y percibir cualquier vibración, cualquier soplo de aire,…

La Gran Sabana es un regalo para los sentidos. La vista se pierde en el infinito sin hallar un final, sin encontrar donde acaba esta maraña que la naturaleza a creado.

Video: Interior de la Gran Sabana. Expedición al Auyantepuy.

La humedad y la baja cantidad de oxígeno que se respira entre tanta vegetación, unidos a la oscuridad reinante, generan una sensación de asfixia y de cierta claustrofobia. La tensión y la emoción que se sienten al entrar en este lugar, son indescriptibles.

Sorteando raíces, troncos caídos, ramas y otros obstáculos, percibimos como el terreno se hace mas y mas empinado. La pendiente es, cada vez, más pronunciada y el terreno más escarpado. Llevamos horas caminando y debemos darnos prisa. El tiempo juega en nuestra contra. No podemos permitir que anochezca antes de alcanzar nuestro refugio.

Me he quedado rezagado y la subida se complica a cada paso. Con uñas y dientes nos aferramos a raíces y rocas para ayudarnos a alcanzar, cuanto antes, nuestro objetivo.

Un estruendo resuena frente a mi. Intento adivinar de donde proviene tan atronador sonido pero, la vegetación esconde su origen. Mis compañeros de viaje ya han alcanzado el lugar y se les oye vocear y felicitarse con entusiasmo. Sin aliento y casi reptando, hago un último esfuerzo por superar el obstáculo que me separa del resto de la expedición.

Con las rodillas clavadas en la tierra cojo fuerzas para incorporarme. Camino lentamente apartando de mi paso la vegetación que se interpone entre mi, tan esperado, objetivo y yo.

Al fin,…

Un gigante de espectaculares proporciones se muestra desafiante ante mi, vomitando un río desde un kilómetro de altura. Su tamaño es tan impresionante que en su recorrido hasta el suelo, el agua genera una inmensa niebla que es arrastrada por el viento.

A los pies de Auyantepuy se forma una balsa de agua cristalina en la que mis compañeros de expedición, se bañan y chapotean.

No se cuantos minutos pasé contemplando aquel prodigio de la naturaleza. No recuerdo lo que ocurría a mi alrededor pero,… recuerdo aquel sonido y el agua empapando mi ropa y resbalando por mi cara.

Pronto tuvimos que comenzar el camino de regreso ya que, en el momento en el que el sol bajara un poco, la poca luz que se colaba en el interior de la selva iba a desaparecer.

Video: Bajando del Auyantepuy. Interior Selva. Canaima. Venezuela.

Casi anocheciendo, llegamos al refugio construido con una cubierta de chapa y un puñado de pilares que la soportaban. Sin paredes, rodeados de vegetación y con el río a nuestros pies. Nuestro barquero había preparado la cena y un puñado de “chinchorros” (hamacas colgadas de los pilares) cubiertas con mosquiteras, nos esperaban ya instaladas para ofrecernos un bien merecido descanso.

Tras la cena, tumbado en mi “chinchorro” y cubierto con mi mosquitera repaso, minuto a minuto, la experiencia vivida. Oscuridad total y un silencio solo quebrantado por los sonidos que emiten los habitantes de aquel,… Mundo Perdido.

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*Tepuyes de Venezuela

http://wp.me/p1cTmD-5j

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Una respuesta a *Expedición al Mundo Perdido. Auyantepuy – Salto Ángel

  1. sonia lahoz dijo:

    No sé si buscar en el diccionario adjetivos que puedan definir tanta belleza, increíble, asombroso, espéctacular, magnífico, estremecedoramente precioso, lo cierto es que podría seguir intentando describir este pródigio de la naturaleza, que parece realmente un espejismo en mitad de un lugar tan recóndito.
    Creo que sí merece la pena el esfuerzo, el sobrealiento, el sudor empapando el cuerpo, sí merece la pena agotarse, que tu respiración se entrecorte y tus piernas se entumezcan, supongo que merece la pena sí al final del camino lo que encuentras es tanta belleza y tus sentidos se pierden en ella.
    Que lugar tan especial. Seguro que guarda secretos.
    Me ha encantado y lo he disfrutado, me imaginé allí recorriendo las aguas del Churún y me imaginé intentándo sortear tan profunda selva.
    Me gustan mucho los artículos donde combinas, texto, videos y fotos, te acercan mucho al lugar.
    Genial.

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